La familia de Kio, opto por sacrificarlo, siendo un cachorrete sin darle la mas mínima oportunidad.
El pequeño tiene nueve meses, es muy cariñoso con las personas y con todos los perros, en seguida se pone a jugar con ellos y le encanta ponerse de patitas para pedir caricias.
Es un poco posesivo con la comida (al igual que muchos cocker), pero es algo que se corrige, con unas pautas sencillas y con mucha actividad y ejercicio como cualquier cachorro.